Cómo se presupuesta una ventana cuando el programa conoce la serie
El trabajo de verdad se hace una sola vez, y no delante del cliente: se hace el día que das de alta el modelo. Un modelo es un tipo de ventana dentro de una serie —la corredera de dos hojas de la GV-909, la practicable de la S-2300— y se le definen tres cosas: los perfiles y gomas que lleva, los huecos de vidrio y los accesorios.
De cada perfil no se guarda una medida, se guarda la regla. Si el marco se corta al ancho total menos 43 milímetros, ahí va «L-43». Si la hoja se corta al alto menos 71, «H-71». Si el travesaño es la tercera parte del ancho menos 23, «L/3-23». La misma sintaxis vale para los huecos de vidrio, que llevan dos fórmulas, una para el alto y otra para el ancho. El programa comprueba la fórmula al teclearla: si no se puede calcular, no la admite, así que el fallo aparece cuando estás dando de alta el modelo y no cuando la sierra ya ha cortado.
A partir de ahí, presupuestar es teclear medidas. Una línea por cada ventana distinta del trabajo: serie, modelo, acabado, cantidad, alto y ancho, y las horas de taller y de colocación. El programa recorre el despiece, evalúa cada fórmula con esas medidas y saca los metros de cada perfil, las medidas de corte de cada vidrio y las unidades de cada accesorio. Y si en ese trabajo hay algo que no es una ventana —un cerco suelto, una mano de obra—, entra como línea de artículo suelto en el mismo estudio.
Las persianas tienen su propia cuenta: la ficha de la lama lleva la separación entre lamas en milímetros, así que el programa calcula cuántas caben en el alto del hueco, multiplica por el ancho y trata el conjunto como metros lineales de lama. Eso es lo que sale luego en la orden de corte: el número de lamas y el ancho total.














