Optimización de corte de vidrio: cuánto se ahorra de verdad
El aprovechamiento de plancha es de los pocos sitios donde una cristalería puede ganar dinero sin vender más. Te contamos qué hace un optimizador, qué mejora es realista esperar y dónde se evapora el ahorro.
En una cristalería, el margen se defiende en dos sitios: en el precio de venta y en lo que se tira. El primero lo marca en buena parte el mercado. El segundo depende de cómo se coloquen las piezas sobre la plancha, y ahí sí se puede hacer algo.
La optimización de corte es eso: decidir en qué orden y en qué posición se cortan las piezas de un lote para que sobre lo menos posible. Suena a detalle técnico y es una partida de coste de las gordas.
Qué hace exactamente un optimizador
Recibe una lista de piezas con sus medidas y una plancha con las suyas, y devuelve un plano de corte: dónde va cada pieza y en qué secuencia. Los buenos tienen en cuenta bastante más que el encaje geométrico:
- El tipo de corte de la mesa (normalmente corte guillotina de lado a lado, que limita mucho las combinaciones posibles).
- La orientación obligatoria de ciertos vidrios: los impresos, los de capa y los que llevan dibujo no se pueden girar libremente.
- Los retales aprovechables, que se guardan y entran en el siguiente lote en vez de acabar en el contenedor.
- El espesor y el tipo, porque piezas de composiciones distintas no comparten plancha.
- El orden de salida, para que las piezas lleguen al siguiente puesto en el orden en que se van a trabajar.
Cuánto se ahorra: las cuentas realistas
Depende enteramente de cómo sea tu trabajo, y cualquiera que te dé un porcentaje sin preguntarte antes te lo está inventando.
Si haces series de piezas iguales o parecidas, con medidas repetidas, es probable que ya estés aprovechando bien la plancha a mano: el margen de mejora será pequeño. Si haces trabajo de mostrador, con medidas todas distintas y lotes pequeños que se cortan según entran, es donde hay más que rascar, porque a ojo es imposible optimizar bien.
La cuenta que sí puedes hacer hoy, sin comprar nada: mira lo que compraste en vidrio el año pasado y lo que facturaste en superficie. La diferencia es tu merma real. Cada punto porcentual que bajes de ahí es dinero que ya no vuelve a salir. Sobre una compra anual de 200.000 euros, un punto son 2.000 euros al año; tres puntos, 6.000.
Y hay un ahorro que no aparece en esa cuenta y suele ser mayor: el tiempo. Un plano de corte impreso evita que alguien decida sobre la marcha delante de la mesa, y evita también el corte equivocado que hay que repetir, que cuesta la plancha y además el plazo.
Dónde se evapora el ahorro
Aquí está la parte que casi nadie cuenta cuando vende un optimizador. La herramienta puede ser buenísima y el ahorro desaparecer igual:
- Si las medidas se teclean a mano en el optimizador, se tecleará mal alguna, y una pieza mal cortada se come el ahorro de veinte bien cortadas.
- Si el optimizador no sabe qué retales tienes, no los puede usar y los recortes buenos acaban en el contenedor.
- Si el plano de corte no vuelve a la gestión, nadie sabe qué se cortó de verdad ni qué queda pendiente.
- Si se optimiza pedido a pedido en vez de por lotes de la misma composición, se pierde casi toda la ventaja: la optimización buena necesita volumen para elegir.
- Si el taller no sigue el plano porque le resulta incómodo, no ha servido de nada. Esto pasa más de lo que parece y casi siempre es un problema de cómo se imprime, no de mala voluntad.
Optimizar no es lo mismo que gestionar
Conviene tener clara la diferencia, porque son dos programas distintos y hacen falta los dos. Un optimizador resuelve un problema geométrico muy concreto: colocar piezas en una plancha. Un ERP lleva el negocio: quién pidió qué, a qué precio, qué se ha fabricado, qué se ha entregado y qué está sin cobrar.
Un optimizador no te va a decir si ese trabajo dio margen. Un ERP no va a colocar las piezas mejor que un programa dedicado a eso. Lo que importa es que hablen entre ellos: que la lista de piezas salga del pedido sin volver a teclearla, y que lo cortado vuelva a la gestión.
Cómo lo resuelve Squalus
Seremos claros, porque en esto hay mucho humo: nuestro ERP no optimiza el corte. Lo que hace es enlazar con el optimizador, que es donde de verdad aporta valor un programa de gestión.
Las piezas del pedido salen hacia el optimizador con sus medidas y su composición, sin que nadie las vuelva a teclear, que es justo donde se cuelan los errores caros. Y la fabricación se sigue desde el ERP con mesas de corte, órdenes de corte, etiquetas y el resumen diario de piezas fabricadas y en proceso.
Si ya tienes un optimizador y lo alimentas a mano, ese es probablemente el punto donde más rápido notarías el cambio. Enséñanos cómo trabajas y te decimos con franqueza si te compensa o no.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta plancha se ahorra con un optimizador?
Depende del tipo de trabajo. En series de piezas parecidas, poco: a mano ya se aprovecha bien. En trabajo de mostrador con medidas todas distintas, bastante más, porque optimizar eso a ojo es imposible. La cuenta fiable es la tuya: compara la superficie de vidrio comprada con la facturada durante un año.
¿El ERP de HU optimiza el corte?
No. Squalus enlaza con el optimizador y le pasa las piezas del pedido sin teclearlas otra vez, y lleva la fabricación con mesas de corte, órdenes, etiquetas y el resumen diario de piezas. La optimización en sí la hace un programa dedicado a ello.
¿Merece la pena optimizar si ya guardo los retales?
Guardar retales es la mitad del trabajo; la otra mitad es que alguien sepa que existen cuando entra el siguiente lote. Un optimizador que conoce tu stock de retales los mete en el plano de corte en vez de dejarlos criando polvo hasta que estorban.
¿Por qué importa el corte guillotina?
Porque la mayoría de mesas cortan de lado a lado de la plancha, y eso descarta muchas combinaciones que sobre el papel encajarían. Un optimizador que no tenga en cuenta cómo corta tu mesa te dará planos preciosos e imposibles de ejecutar.
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