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Sector vidrio

Control de retales: el vidrio que ya tienes pagado

14 de agosto de 2026 7 min de lectura

En casi todas las cristalerías hay una pared con retales apoyados que nadie sabe describir de memoria. Son metros cuadrados ya pagados, y se acaban tirando. El motivo no es el algoritmo de corte: es que ese vidrio no existe en ningún sitio más que en la pared.

Entra en cualquier taller de vidrio y encontrarás la misma escena: una zona con hojas apoyadas de canto, de medidas dispares, algunas con una cifra escrita en rotulador y otras con nada. Es el retal. Vidrio comprado, transportado, descargado y pagado, que en teoría se guarda para aprovecharlo.

La palabra clave es «en teoría». En la práctica, una parte importante de esa pared acabará en el contenedor el día que estorbe demasiado. Y no porque a nadie le dé pena: porque cuando entra un pedido que encajaría justo ahí, nadie se acuerda de que ese retal existe.

El problema no es de optimización, es de inventario

Esta es la parte que se confunde casi siempre. Cuando alguien plantea aprovechar mejor los restos, la conversación se va enseguida al optimizador de corte: qué algoritmo usa, cuánto aprovecha, qué porcentaje promete el fabricante.

Pero un optimizador solo puede colocar piezas sobre las superficies que le declares. Si tu stock de retales no está en ninguna parte, el mejor optimizador del mundo hará exactamente lo mismo que el peor: repartir sobre plancha nueva, porque es lo único que sabe que tienes.

Dicho de otra forma: el retal no es un problema geométrico, es un problema de datos. Un retal solo sirve si alguien sabe que existe, qué mide, de qué composición es y dónde está apoyado. Sin esas cuatro cosas es un estorbo con forma de vidrio.

Qué merece guardarse y qué no

Guardarlo todo es tan malo como no guardar nada. Un almacén de retales sin criterio se llena, deja de ser consultable, y termina vaciándose de golpe. Conviene fijar reglas y escribirlas donde el que corta pueda verlas:

  • Una medida mínima por debajo de la cual no se guarda. Cada taller tiene la suya según lo que fabrique, pero tiene que existir y ser la misma para todos. Si depende del criterio de quien esté ese día en la mesa, no es una regla.
  • Composiciones que rotan y composiciones que no. Un retal de 4 mm incoloro se va a usar; uno de un impreso concreto que pediste una vez para un cliente que ya no está, no. Ese hay que tirarlo el mismo día, no dentro de tres años.
  • Vidrios con orientación obligatoria: impresos, con dibujo y los de capa. Un retal de estos solo sirve si además se sabe la cara y el sentido. Si no está anotado, en la práctica ya no es aprovechable.
  • Vidrios con plazo de almacenamiento. Las capas blandas (bajo emisivo) y algunos laminados se degradan si pasan demasiado tiempo almacenados, sobre todo por los cantos y en ambiente húmedo. El plazo lo da el fabricante en su ficha técnica: mirad el vuestro y no guardéis por encima de él, porque ese retal está caducando aunque parezca nuevo.
  • Cantidad máxima por composición. Cuando ya tienes cinco retales grandes del mismo vidrio, el sexto no lo estás guardando: lo estás acumulando.

Los cuatro datos que necesita un retal

Un retal bien dado de alta lleva cuatro cosas, y ninguna sobra:

  • Medidas reales, no las nominales del corte. El retal es lo que quedó, y lo que quedó tiene el ancho que tiene, no el que salía en el plano.
  • Composición completa: espesor, tipo, color, tratamiento y, si aplica, cara. «6 mm» no es una composición; «6 mm templado incoloro» sí.
  • Ubicación física. Un código de caballete o de hueco. Sin esto, el dato existe pero nadie encuentra el vidrio, y encontrarlo es la mitad del trabajo.
  • Fecha de entrada. Sirve para dos cosas: para sacar el más antiguo primero y para detectar lo que lleva un año sin moverse, que es lo que hay que tirar.

Con una etiqueta impresa en el momento del corte esto no añade trabajo: es el mismo gesto de escribir la medida en rotulador, pero legible y quedando registrado.

El momento crítico: cuando entra el pedido

De poco vale un inventario impecable si al presupuestar o al lanzar a fabricación nadie lo consulta. El control de retales funciona cuando la consulta está en el camino natural del trabajo, no cuando hay que acordarse de ir a mirar.

Lo que buscas es que, al preparar el corte de un pedido, el sistema avise por sí solo: «de esta composición hay tres retales que dan la medida». No hace falta que decida por ti. Basta con que lo diga, porque el que decide sabe de sobra qué hacer con esa información.

Ese aviso es también el que evita la compra innecesaria. Comprar una plancha entera teniendo apoyado en la pared un retal que daba la medida es un error que no se ve en ninguna cuenta de resultados, porque el gasto parece normal.

Lo que cuesta de verdad no llevarlo

Hagamos la cuenta como se hace en un taller, sin porcentajes de folleto. Mira lo que compraste en vidrio el año pasado y lo que facturaste en superficie. La diferencia es tu merma real: todo lo que entró y no se vendió, incluido lo que se rompió, lo que se cortó mal y lo que acabó en el contenedor siendo aprovechable.

De esa diferencia, una parte es inevitable (el recorte que no da ninguna medida útil) y otra es recuperable. La recuperable es justo la que está apoyada en esa pared.

Y hay un coste que casi nunca se cuenta: el sitio. Los retales ocupan una superficie de taller que en Madrid, Barcelona o Valencia se paga cara por metro cuadrado y mes. Un almacén de retales que no rota no es un ahorro, es un alquiler.

Cómo lo resuelve Squalus

Nuestro ERP no optimiza el corte: eso lo hace un programa dedicado, y lo decimos siempre porque en este sector hay mucho humo. Lo que sí hace es llevar el inventario que el optimizador necesita para poder aprovechar los retales, y llevarlo sin que nadie teclee dos veces.

El retal se da de alta con su composición y su ubicación, sale etiquetado del propio corte, y está disponible cuando se prepara el siguiente pedido. Junto con el control de almacén por lotes y ubicaciones, es lo que convierte una pared de vidrio apoyado en stock de verdad.

Si tienes la sensación de estar tirando vidrio bueno pero no sabrías decir cuánto, esa sensación se puede convertir en un número en una tarde. Cuéntanos cómo trabajáis y lo miramos.

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué medida merece la pena guardar un retal?

No hay una cifra universal: depende de lo que fabriques. Lo importante es que la regla exista, sea la misma para todo el taller y esté escrita donde la vea quien corta. Una regla mediocre aplicada por todos rinde mucho más que una regla perfecta que depende del criterio de cada día.

¿Un optimizador de corte aprovecha los retales por su cuenta?

Solo si le declaras que existen. El optimizador coloca piezas sobre las superficies que conoce, y por defecto conoce la plancha nueva. Si tu stock de retales no está inventariado en ningún sitio, el optimizador cortará de plancha nueva por muy bueno que sea.

¿Los retales caducan?

Algunos sí, en la práctica. Las capas blandas (bajo emisivo) y ciertos laminados se degradan con el almacenamiento prolongado, sobre todo por los cantos y en ambiente húmedo. El plazo máximo lo indica el fabricante en la ficha técnica del producto. Un retal fuera de ese plazo puede tener buen aspecto y dar problemas al transformarlo.

¿Hace falta un programa para llevar los retales?

Con pocos retales y una sola persona cortando, una hoja de cálculo puede bastar un tiempo. Deja de bastar cuando corta más de una persona, porque entonces el dato tiene que estar actualizado en el momento y accesible desde el taller, no en el portátil de alguien.

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