Etiquetas y trazabilidad: saber qué pieza es cada pieza
En un caballete con cuarenta piezas de tres pedidos distintos, la diferencia entre un taller que va bien y uno que va con el alma en vilo es saber, sin preguntar a nadie, qué es cada una y adónde va.
Un taller de vidrio en un día normal tiene piezas de varios pedidos conviviendo en el mismo espacio, en fases distintas: unas esperando canteado, otras vueltas del templado, otras listas para cargar. Todas se parecen bastante entre sí, sobre todo las incoloras.
La forma tradicional de resolverlo es el rotulador sobre el vidrio o un papel pegado con cinta. Funciona hasta que deja de funcionar, y suele dejar de funcionar el peor día: el que hay más trabajo.
Qué debe llevar la etiqueta
Una etiqueta útil se lee de un vistazo, desde un metro de distancia y sin coger la pieza. Estos son los datos que de verdad hacen falta:
- El cliente y la referencia del pedido, que es lo que permite juntar todas las piezas de un mismo trabajo al cargar.
- Las medidas y la composición completa. Sirve para comprobar sin medir, y para detectar el error antes de que salga por la puerta.
- El número de pieza dentro del pedido: «3 de 12». Este dato, que parece menor, es el que evita cargar once piezas de doce, que es de los fallos más caros y más frecuentes.
- La fase o el destino siguiente: a canteado, a templar, a montaje, a mostrador.
- El destino final si va a obra: qué planta, qué hueco. En una obra con cuarenta ventanas iguales, esto ahorra una mañana.
- Un código de barras, aunque hoy no tengas lector. Cuesta lo mismo imprimirlo y es lo que te deja dar el paso siguiente cuando quieras.
Por qué el rotulador se queda corto
No es una cuestión de modernidad, son problemas concretos que salen todas las semanas:
- Se borra. Con el agua del canteado, con el manejo o con el propio roce en el caballete.
- Cada uno escribe distinto. Y lo que para quien lo escribió era evidente, para el que carga la furgoneta a las siete de la mañana no lo es.
- No cabe la información. En un rotulado a mano cabe el cliente y poco más; no caben la composición, la fase y el destino.
- No se puede leer con un lector. Y por tanto nada de lo que pasa en el taller se puede registrar sin que alguien lo teclee después, que es como decir que no se registra.
- En vidrios de capa y espejos, además, hay que tener cuidado con qué se escribe encima y con qué se limpia.
Trazabilidad: de la palabra grande a lo que se usa
«Trazabilidad» suena a certificación y a auditoría, y en una cristalería es algo mucho más terrenal: poder contestar dónde está una pieza y por dónde ha pasado.
Con las piezas identificadas y un lector en cada puesto, cada paso queda registrado sin que nadie escriba nada: cortada, canteada, taladrada, enviada a templar, recibida, montada en la unidad, embalada, cargada, entregada. Cada lectura son dos segundos.
Lo que eso te da en el día a día:
- Contestar al cliente que llama preguntando por su pedido sin ir a mirar al taller ni llamar a nadie.
- Saber qué falta para cerrar un trabajo, en vez de descubrirlo el día de la carga.
- Detectar el cuello de botella real. Casi siempre está donde no se pensaba, y sin datos se discute con opiniones.
- Y en marcado CE, tener identificado qué lote de vidrio lleva cada unidad, que es lo que sostiene la declaración de prestaciones si alguien la reclama.
Empezar sin montar un sistema entero
No hace falta ir a por todo el primer día, y de hecho es mejor no hacerlo. El orden que funciona:
- Primero, etiqueta impresa en todas las piezas al cortar, aunque nadie lea nada todavía. Solo con eso desaparece la mitad de los problemas de identificación.
- Después, un lector en el punto de carga. Confirmar las piezas al cargar la furgoneta es lo que elimina el viaje de vuelta por una pieza olvidada.
- Luego, lectura en las fases del taller, para saber dónde está cada cosa.
- Y por último, si la producción lo pide, el enlace con las mesas de corte y el resumen diario de piezas fabricadas y en proceso.
Cada escalón funciona por sí solo. Y el primero, que es el más barato, es también el que más se nota.
Cómo lo resuelve Squalus
Las etiquetas se diseñan sin programar nada: eliges qué datos salen, el tamaño de cada uno, tu logotipo y el código de barras, y puedes guardar hasta nueve modelos distintos para usar uno u otro según el trabajo. Hay además etiquetas específicas de doble acristalamiento, de órdenes de trabajo y de artículos con su ubicación de almacén.
Todo sale del pedido, así que la etiqueta lleva exactamente la composición que se presupuestó, sin que nadie la vuelva a escribir. Y la fabricación se sigue con mesas de corte, órdenes de corte y el resumen diario de piezas fabricadas y en proceso.
Si en tu taller todavía se identifica con rotulador, esto es de las cosas que más rápido se notan: no cambia cómo trabajáis, quita los fallos tontos que os hacen perder mañanas.
Preguntas frecuentes
¿Qué datos debe llevar la etiqueta de una pieza de vidrio?
Cliente y referencia del pedido, medidas y composición completa, número de pieza dentro del pedido («3 de 12»), la fase o destino siguiente y, si va a obra, el destino final. Conviene imprimir también un código de barras aunque todavía no tengas lector: cuesta lo mismo y es lo que te permite dar el paso siguiente cuando quieras.
¿Por qué no basta con rotular el vidrio a mano?
Porque se borra con el agua del canteado y el manejo, porque cada uno escribe distinto y lo que era evidente para quien lo escribió no lo es para quien carga la furgoneta, porque no cabe la información necesaria y porque no se puede leer con un lector, así que nada de lo que pasa en el taller queda registrado.
¿Hace falta un lector de códigos de barras para empezar?
No. El primer paso es imprimir etiqueta en todas las piezas al cortar, aunque nadie lea nada: con eso desaparece la mayoría de los problemas de identificación. El lector viene después, y el sitio donde primero compensa es el punto de carga, porque evita el viaje de vuelta por una pieza olvidada.
¿Para qué sirve la trazabilidad en una cristalería?
Para contestar dónde está una pieza sin ir a mirar, saber qué falta para cerrar un trabajo antes del día de la carga, detectar dónde está el cuello de botella real y, en marcado CE, tener identificado qué lote de vidrio lleva cada unidad, que es lo que sostiene la declaración de prestaciones si alguien la reclama.
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